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Los Principios de la educación en José Luis Castillejo Brull desde el enfoque por competencias

  • Macarena Torres Saavedra
marenats
  • Autor:
  • Macarena Torres Saavedra, Magíster en Filosofía, Universidad de Chile. Docente de la Carrera de Educación Diferencial. Universidad UCINF
  • Cita :
    • (*) José Luis Castillejo Brull es, junto a Jaume Sarramona, uno de los actuales teóricos españoles de la educación. En su obra analiza en forma acuciosa algunas problemáticas relativas a la formación del profesorado, los desafíos de la pedagogía laboral, la relación entre tecnología y la acción educativa, las alternativas operativas dentro del sistema educativo contemporáneo. Dentro de sus escritos se destacan los siguientes textos: El fenómeno Educativo (1992). Salamanca: Anaya; Comunicación y Construcción Humana (1992). Barcelona: CEAC; Nuevas Perspectivas en las Ciencias de la educación (1983). Madrid, Anaya; Condicionamientos socio-políticos de la educación (1985). Barcelona: CEAC.
    • (**) Macarena Torres Saavedra, Magíster en Filosofía, Universidad de Chile. Docente de la Carrera de Educación Diferencial. Universidad UCINF. Correo electrónico: marenats@gmail.com
    http://www.revistaakademeia.cl/2010/08/los-principios-de-la-educacion-en-jose-luis-castillejo-brull-desde-el-enfoque-por-competencias/
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  • Abstract
    • The principles of education from the perspective of competences according to José Luis Castillejo Brull

      From the reading of José Luis Castillejo Brull’s Nuevas Perspectivas en las Ciencias de la Educación (1983), this article shares comments on the Principles of Education. In his book, Castillejo Brull defines these principles as a foundation for contemporary education. After revising these principles, a vision guiding and outlining the education process, and its three formative domains -knowing about, knowing to be, and knowing to do-, can be inferred from them. The objectives seeked in this paper are to comment on the Principles, analyze their three formative domains and set a strategy that would help put them into practice. Key words: principles of education, competence, strategies?

  • Resumen
    • El presente artículo desarrolla una lectura comentada a los Principios de la educación, según plantea José Luis Castillejo Brull en su libro Nuevas Perspectivas en las Ciencias de la Educación (1983), quien en su propuesta los concibe como bases para la educación contemporánea. Al término del trabajo, se infiere de ellos la visión que orienta y perfila el proceso educativo en la triple formulación de sus propósitos, esto es, saber, saber ser y saber hacer.

      Los objetivos que se persiguen en este escrito son los de comentar los Principios, analizar la triple formulación de sus propósitos y establecer la estrategia que posibilitaría llevarlos a la práctica.

Introducción

El presente artículo desarrolla una lectura comentada a los Principios de la educación, según plantea José Luis Castillejo Brull en su libro Nuevas Perspectivas en las Ciencias de la Educación (1983), los cuales en su propuesta constituyen las bases para la educación contemporánea, de modo que son elementos que posibilitan la bajada de la teoría al plano de la práctica. Al término de este trabajo, se infiere de ellos la visión que orienta y perfila el proceso educativo en la triple formulación de sus propósitos, esto es, saber, saber ser y saber hacer.

Los objetivos que se persiguen en este escrito son los de comentar los Principios, analizar la triple formulación de sus propósitos (saber, saber ser y saber hacer) y establecer la estrategia que posibilitaría llevarlos a la práctica.

En ese sentido, el trabajo se inicia exponiendo el significado del término “principio” y su vínculo con la educación, seguido de un análisis y comentario sobre el texto de José Luis Castillejo. Finalmente, con el resultado de dicho análisis, se delimitan los tres pilares fundamentales a partir de los cuales se sustenta la educación actual, y que permiten establecer estrategias para su puesta en ejercicio.
Las estrategias son sólo propuestas que posibilitarán al lector representarse cómo llevar a efecto aquello que se origina en el ámbito teórico, cumpliendo este la función de orientar la visión pedagógica que luego se pondrá en práctica. En tanto propuestas, estas pueden ser modificadas y superadas por el criterio de quien las utilice, de acuerdo con la realidad que se le presenta en su proceso pedagógico.

Hacia una definición del término “principio” y su vínculo con la educación
La pregunta acerca del significado del término “principio” requiere de su análisis etimológico, para llegar así a una respuesta más clara.
El concepto, que ha sido muy utilizado en el ámbito de la Filosofía, proviene del griego arjé y en una primera acepción refiere a “comienzo, origen” (Diccionario Manual Griego Vox, Barcelona, 2000). Una segunda posibilidad de su significado es “extremo, punta, fundamento, principio, mando, elemento”. De esta manera, por arjé se entiende aquello que se encuentra al inicio, lo que ejerce la autoridad o el poder por ser primero; aquel elemento que está en el origen. Esto último corresponde a la visión que tenían los presocráticos, en particular Anaximandro, quienes usaban el vocablo para describir el carácter del elemento al cual se reducen todos los demás, que sería, en cuanto realidad fundamental, “el principio de todas las cosas”. Entonces, arjé o “principio” es “aquello de lo cual derivan todas las demás cosas”, o bien, “principio de realidad” (Ferrater Mora, 1999: 2907).

Para Aristóteles, en su Metafísica, el carácter común de todos los principios es ser la fuente de donde derivan el ser, o la generación o el conocimiento. Respecto a este criterio, es posible deducir que pese a que un principio puede ser considerado un punto de partida, no todo punto de partida puede ser un principio, ya que puede existir una cadena de ellos, de los cuales unos den origen a nuevos elementos. Por tal motivo, se tiende a reservar el nombre de “principio” a “un punto de partida” que no es reducible a otros, o bien a puntos de partida de la misma especie o pertenecientes al mismo orden. Por ejemplo, en el caso de que una ciencia determinada posea uno o varios principios, estos serán considerados así en la medida que no haya otros a los cuales puedan reducirse. En una instancia análoga, se puede admitir que los principios de una determinada ciencia, aunque sean puntos de partida de ella, pueden depender a su vez de algún componente superior, y en último término, de los “primeros principios” o axiomas.

De acuerdo con este razonamiento, al aplicarlo al ámbito puntual de la Ciencia de la educación, es posible deducir que cuando se está hablando de principios, se entiende que refiere a determinados elementos que posibilitan inferir otros, los cuales harán posible definir y llevar a cabo su propósito. Al respecto, José Luis Castillejo (1976) señala que “La educación actual se orienta por una serie de principios que la definen y concretan y que tienen el sentido de hitos o climas más destacados” (p. 17). Este planteamiento de Castillejo aclara la función que estos poseen dentro de dicha ciencia:

  1. Orientar el rumbo de la educación.
  2. Definir el campo de la educación.
  3. Concretar el sentido de la educación.

El primero obliga a plantearse la pregunta acerca de lo que es “educar” y hacia dónde conduce al hombre. El segundo aclara en qué consiste la educación y cuáles son sus límites, lo que también se relaciona con la pregunta sobre las características que presenta esta ciencia y qué es lo que la hace diferente al resto de las demás. El tercero implica todo aquello que lleva a que esta ciencia pueda realizarse, es decir, cristalice en forma dinámica y eficaz cada uno de sus postulados.

Las funciones que cumplen los Principios de la educación, dentro de la misma ciencia, nos remiten al fin o propósito que esta tiene, vale decir, educar a alguien, y este no es ni más ni menos que el propio ser humano, quien se educa para alguna finalidad específica, que consiste en lo que Castillejo denomina “perfección” (p. 17). A su juicio, “la educación es una perfección que se le añade al hombre. El hombre existe al margen de la educación. Esta es algo que se le incorpora.” (p. 17). De hecho, constituye un valor que los humanos poseen en mayor o menor grado y que siempre es susceptible de modificar, por ello no se puede confundir con la naturaleza humana. La misma palabra “educación” en su significado etimológico da cuenta de lo recién mencionado. En efecto, esta procede del latín y tiene dos sentidos:

  1. En cuanto “educare”, que significa “conducir a partir de”, término que implica una acción externa en la cual algo influye sobre otro, haciendo referencia al proceso y al cambio.
  2. En cuanto “educere”, que quiere decir “hacer salir”. En este sentido se enfatiza el proceso, admitiendo la influencia externa o bien del propio sujeto que ejecuta la acción. La idea que encierra es la de “extraer algo del hombre mismo”.

Para Castillejo, ambos significados permiten entender la doble vía de la perfección, pues, por una parte el hombre mismo es quien se perfecciona, en la medida que es capaz de desenvolver o desarrollar sus propias posibilidades, de tal modo que en él se encuentra la eventualidad de realizarla. Desde otro ángulo, en la acción externa de conducir al otro hacia niveles superiores de perfección, radica el camino de ayuda y de orientación que posee la educación. Así pues, tal idea es el punto medular hacia el cual gira todo lo concerniente a la educación. En palabras de Castillejo,

Cuando es necesario determinar en qué consiste esta perfección; cuando se trata de fijar cuál sea el ideal del hombre perfecto; cuando el origen y el fin del hombre deben ser explicados es cuando se traspasan al campo educativo las interrogantes vitales y existenciales del hombre. Y no por ello la educación pierde contenido y entidad. Al contrario, con ella se persigue y perfila la perfección a la que el propio hombre aspira. Y esta aspiración es cambiante y perenne a la vez. Siempre subyace la misma idea, al tiempo que se presenta de forma distinta. La circunstancia histórica espacio-temporal es la que concreta esta aspiración (p. 18).

Cabe señalar respecto a la doble vía de la perfección, la importancia que tiene el contacto humano en el desarrollo y perfectibilidad del sujeto, pues existe alguien que guía a otro, y detrás de ambos está la sociedad. Por tal motivo, toda labor educativa conlleva de por sí un proceso de endoculturación, en la cual el individuo es formado a partir de una instancia de asimilación cultural y moral, adquiriendo la conducta humana esperada por la sociedad. A su vez, dicho individuo se deja influir por la presión que la comunidad ejerce sobre él, experimentando así el proceso de culturización, donde participan dos agentes: uno de ellos, y tal vez el más importante, es el educador, quien ejerce una acción sistemática e intencionada sobre el educando en cuanto constituye un factor de ayuda y de orientación; el otro agente es el medio social, que ejerce una influencia difusa y cultural sobre el educando. Todo ello conduce el proceso interior, personal e intencional del yo del sujeto que es educado. Esta interacción entre el educando, el educador y la sociedad genera un feedback o retroalimentación, en la cual el hombre devuelve a la cultura el producto enriquecido que ha tomado de ella, en consecuencia, la educación pasa a ser la transformación perfectiva de la cultura.
Respecto de los dos agentes fundamentales que participan del proceso educativo, Castillejo propone dos nuevos conceptos: el de “educabilidad” y el de “educatividad”.

El primero de ellos se refiere al educando, puesto que este posee la capacidad de maleabilidad y de plasticidad que le posibilita adaptarse a los cambios, lo que obedece a que se encuentra dotado de ciertas estructuras complejas que le ayudan a adaptarse a nuevas situaciones y/o realidades. Sin embargo, pese a ello cabe formularse la pregunta: ¿hasta qué punto la educación es capaz de transformar al hombre? Esta es una interrogante que apunta hacia los límites de la educación, que en cierto modo también puede señalar los límites que posee esta Ciencia, en cuanto destinada a servir al ser humano para ayudarle a perfeccionarse en su propio ser. Si se considera que el hombre es un sujeto de cambio, de transformación, de adaptación, entonces es capaz de perfeccionarse, y si es así, el proceso educativo que este experimenta tiene sentido. Pero, de no ser capaz de transformarse o perfeccionarse, la educación no estaría cumpliendo su objetivo. Castillejo sostiene la existencia de dos posturas históricas que son completamente antagónicas. Una de ellas corresponde al dogmatismo peda-gógico optimista, que contempla la educación como posibilidad infinita. La otra, en cambio, es pesimista o de un escepticismo pedagógico, que no ve ninguna posibilidad de modificación o perfección intencional.

El concepto de educatividad se basa en la capacidad para “ayudar” a realizar el proceso educativo, cuyo eje central es la persona; en tal sentido, tiene relación con el educador, pues en la medida que tenga aptitud para educar, puede y debe ayudar para que el proceso se potencie y se realice más perfectamente.

Por lo tanto, conforme a lo expuesto en líneas anteriores, los principios de la educación cumplen tres funciones: orientar el rumbo de la educación, definir en qué consiste y concretar los delineamientos de la propia disciplina.
Todas estas funciones indican la senda por donde debe transitar, que no es otra que la perfección humana; siendo así, la educación es un proceso personal de perfeccionamiento intencional, coayudado por la influencia sistematizada del educador dentro de un contexto sociocultural. Por cierto, la persona, a través del proceso educativo, se abre al mundo de la cultura, integra conocimientos, usos y esfuerzos de toda la humanidad; esa integración supone también la capacidad de valorar o de estimar los saberes, a su vez, incorpora la facultad que tiene todo hombre de construir su propia vida, de acuerdo con su propia jerarquía de valores y en congruencia con aquella. Por cierto, el individuo al proyectarse de determinada manera, va conquistando grados de libertad, de tal suerte que se siente dueño y señor de su vida y de sus actos, no dejándose arrastrar por el simple devenir del mundo que le circunda. Esto hace que la idea de perfección implique también las capacidades de autonomía, responsabilidad y creatividad.

Respecto a los dos últimos criterios, es oportuno señalar que cada ser humano es un ser original, irrepetible y único, lo cual hace que la educación se visualice como un proceso autónomo y creativo de parte del sujeto que lo experimenta, buscando darle sentido a su vida y anhelando un ideal de perfección.

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